Visiones (7 y final)
Llamé a mi hermano, era mi hermano, más que de Mario, que solamente lo era por sangre y nada más, pero yo ... era realmente la que le había querido siempre, la que había estado con Miguel, no me importaba nada de lo que aconteciera después de que lo supiera, el me querría igual que yo a él, eran pensamientos vagos que pasaban por mi mente, como si me hubieran quitado a mi hermano, pero en el fondo sabía que eran chiquilladas; pero... y mi padre que nos había engañado a todos ... y los suyos que querían conocerlo por fín y explicarle desde el fondo de su alma todo el sufrimiento que habían tenido desde la terrible decisión del día de sus nacimientos.
Quedamos los tres en el mismo sitio, y empezamos desvelarle, Miguel sabía de mi visión de aquel primer día , y de lo que se rió pensando que era una broma de las mías, desde ese día no sabía mucho más que eso, yo quería investigar primero, esto se me había ido de las manos de la manera más increible y por un camino impensado.
La madre de Mario y Miguel dió a luz minutos después que la mía, ellos, sus padres, eran muy jóvenes y sin recursos de ninguna clase, no tenían donde quedarse muertos, el padre de ella la había echado de casa cuando supo que estaba embarazada, tenían 16 años los dos, y se estaban quedando en un piso pequeño del padre de él, no era un buen momento para encontrar trabajo, llevaba 6 meses de ingresos míseros y para ella fué un embarazo muy aparatoso y complicado, no podía moverse de la cama. Los dos estaban muertos de miedo, eran unos crios., que lo único que sabían era que se querían.
Horas antes, durante el parto, en el pasillo, los dos fumaban un cigarrillo, uno detrás de otro, los dos estaban muy preocupados por el parto, por sus mujeres, mi padre se vió ofreciéndo al otro un cigarrilo aunque joven pero en esos tiempos era normal fumar en la sala de espera de un hospital, y mi padre al verlo tan joven, le dijo que parecía un padre con los nervios que parecía tener y no un hermano o tio o lo que fuera del casi recien nacido , los dos estaban desorientados, uno porque sabía que su mujer se hundiría si volvía a perder el niño, y el chico por que no sabía como mantener al suyo y que a lo mejor lo tenían que meter en algún hospício, antes siempre tenía esta preocupación,puede que no se lo dejaran tener eran menores de edad y si arropo familiar. En esos momentos se habían explicado la vida como si contarlo a un completo desconocido les aliviara el sufrimiento.
A las horas, los dos volvían a estar juntos, al lado de la nusería viendo a sus hijos, pero el chico lloraba desconsoladamente, dos... dos... pensaba y el y ella 16 años, y solos.
Con la notícia de que eran gemelos, el padre de Mario se quedó helado, como podía ser si no tenían ni para cuidar a uno, cómo dos, solo podían disponer como mucho unos meses de aquella casa, no tendrían para comer, el padre de él aunque no estaba de acuerdo con ese embarazo los aceptó en su casa, pero no era alguien con recursos, sólo tenía ese piso alquilado, y sin saber si al mes siguiente podría seguir pagando.
El de mi madre, nació pero solo estuvo en este mundo una media hora. Mi padre no quería que mi madre volviese a pasar por aquello, estaba destrozado, otra vez no,por favor Dios!, no paraba de decir, era la tercera vez que esto ocurria, una antes de nacer yo y ahora dos más después; el parto de mi madre también había sido po cesárea y tambien estaba descansando y anestesiada todavía.
Mi padre le dijo, con las manos en la cabeza y los codos en las piernas, dijo- ¡mala suerte chaval!... yo quiero un niño y a ti te sobran los dos, el mundo está mal hecho.
Fue esa chispa la que mi padre aprovechó y pensar en la posibilidad de...., decían cosas al azar para desfogarse de aquella
mala suerte. Mi padre por fin le dijo, -sí... lo podríamos cuidar como si
fuera nuestro, nadie se enterará, es cuestión de segundos que vuelvan las enfermeras con el médico, nadie se va a dar cuenta, un simple
cambio de cuna, un simple cambio de pulsera de identificación y todo
estaría arreglado, nosotros lo cuidaremos como nuestro y tu podrás
mantener a uno de ellos, yo te ayudaré, y te buscaré trabajo en la
fabrica, no te preocupes todo estaría arreglado así. Ellas tampoco habran saber nada....
Todo pasó en unos segundos, no podían perder más tiempo, cambiaron los niños de sitio y sus identificaciones unas pulseritas que llevaban en los pies, el hijo muerto se haría pasar por uno de sus gemelos, todavía no sabían ni que habían hecho.
El médico de guardia de esa madrugada había sido avisado que uno de los niños acababa de traer al mundo, había fallecido, cuando se acercó vió que le habían dado mal la información, era uno de los gemelos. Solo habló con el joven padre, la madre estaba dormida, todavía con el efecto de la anestesia por la cesárea que le habían practicado, aun no sabía que habían sido dos...
Cuando despertaron les llevaron a sus respectivos bebés, las dos estaban tan contentas. El médico le dió el pésame a la más joven, por el otro... ¿el otro?... no fue tan duro, con la alegría del que tenía en sus brazos lo llevaba bien... era una muy cria todavía y en esos momentos tampoco le importaba tanto, no se veía como madre, pero lo era ahora ya, era una alegría abrumadora para las dos.
El joven no aguantó, le remordía la conciencia no pensaba en otra cosa, en unos días le tuvo que explicarle todo a ella. Después se fué a buscar a mi padre y le pidió el niño, era suyo no necesitaba de nadie, seguro que seguiría adelante, pero mi padre se hizo el loco, no era suyo, oficialmente el suyo estaba muerto, y si quería que lo ayudase... no podia decir ni una palabra, a los dos los meterían en la cárcel por haber hecho aquello, y su joven mujer y su hijo se quedarían solos... en la calle, y a saber lo que tendría que hacer ella para mantenerse. Lo convenció finalmente...
Resolvieron que seguiría tal y como en aquel momento habían decidido, sólo tendrían contacto ellos dos, nadie más tenia que saber, nadie más... pero ya lo sabía su joven mujer, sería difícil de convencer, pero ... mejor eso, que él en la cárcel, mejor eso que ella prostituiéndose por unas cuantas monedas y mejor eso que los niños en el hospício, mejor eso... la convenció entonces también.
Toda la vida habían llevado ese peso, y habían hecho conjeturas de lo que podía haber sido si hubieran sido más valientes y menos crios y muertos de pánico, todos esos lloros eran por Miguel que solamente sabían eso su nombre, y que vivía lejos de ellos, se acostumbraron a la pena, y les había unido ésta, veian a su hijo viviendo alegremente era lo único que les deshacía de su pesadumbre, al menos uno de ellos les alegraba la existencia.
Mi hermano no podía creer nada de lo que escuchaba. Efectivamente el parecido era asombroso, pero era una notícia demasiado grande para asumirla en media hora. ¿Tenía otros padres? ¿qué tenía que hacer ahora, ir a abrazarlos? ¿por qué? ¿ lo cambiaron por otro?....
Semanas más tarde... todo volvió a la calma, una nueva familia extraña, todas las explicaciones del mundo de mi padre, todos los sollozos, los lloros, los abrazos de padres que no conocía, todo al fin paró. El secreto estaba abierto de par en par, la vida continuaba.
Fin
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