Pío, era todo un tarambana. Lo recuerdo con sus cincuenta con una
camiseta de rayas blancas y azules combinado con unos pantalones
blancos, que le quedaba bien. Hacía olor a colonia de niños,
mezclada con un olor dulce propio suyo, que realmente me molestaba. muy
delgado y alto. Mirado así, podría parecer un marinerito, pero lo llevaba
todo con una elegancia innata y un talante especial.
Era un hombre que desde siempre la libertad había sido su bandera,
libre en los amores, que ya no tenía a capazos como antes, de hecho, ya
no tenía ninguno, y se refugiaba en su último amor, el alcohol.
Coches deportivos,
rubias despampanantes acompañándole para hacer el cuadro más atractivo. Empresas a la ruina.
Una
vida llena descalabros, de cosas falsas o razones inútiles que llenaban su vacío
interior.
Muy
listo y capaz de emprender cualquier empresa que se propusiera, pero en
la etiqueta de su caja ponía, Muy Frágil, se rompía como el vidrio.
Pero se engrandecia gracias al líquido de la botella que le convertía
en un ser más fuerte y sobre todo más
valiente ante el resto.
Yo debía de tener unos veinte y pocos años, cuando lo conocí, y
no hubiera creído nunca que haría tan gran amistad con aquel
personaje tan peculiar, no por la forma en conjunto, sino por la
edad, era muy clasista entonces con ese tema, cada edad a una parte de la ralla. En este caso, pero, lo veía de igual a
igual, y bien desde el inicio.
Tenía muchos secretos a esconder. Hacía muchos años que estaba
separado, y no le gustaba hablar del tema, no veía a sus hijas, de hecho ellas no se ... creo que no lo querían, nunca las vi.
El
, sí él, tenía la culpa
de lo que pasó aquella maldita noche; y a él le quedaba la
marca por siempre jamás, era demasiado tarde para
pedir perdón. Una noche llegó a casa, después de una larga velada de
fiesta; no se lo que pasó o como, pero se que su hija se quedo sin
dedos, sólo se que había sido un accidente, però si el no hubiese...
posiblemente eso no hubiera pasado nunca, el manllevaba el peso mordaz
de su culpa.
¿Qué pareja de amigos tan entraña? se podían preguntar algunos,
pero sí, solamente éramos amigos, pero bien mirando desde fuera y con
ojos de un poco o muy observador, y con ganas de liarla, se podía
pensar cualquier otra cosa, tampoco era demasiada usual ver salir de
cualquier lugar a aquellos par de amigos a cualquier hora, ...
Desprendidos del destino, nos llevó a encontrarnos unas cuantos meses a
trabajar en una ciudad desconocida, y fue lo que dio lugar a una
gran amistad.
Durante unos 4 años, me convertí en su ahijada, la hija que no
había tenido nunca. Creo que hubiera dado la vida por mí en cualquier
momento.
A
veces me preguntaba, si me veía como hijo o como hija,
y creo que según soplaba el viento, o quizás como que yo hacía ver que
era
tan radicalmente feminista, quizás era una clase de protección para
que no me sintiera incomoda, y intentaba hablar conmigo sin hacer
distinciones de sexo, aunque en el fondo era irremediable. Però el
hecho de sentirme asexual no es que no tuviese importancia, todo lo contrario tenía muchísima en esta relación, ya que mí me gustaba, por
fin, descansaba ratos, el no ser de ningún bando, me favorecía, era
refrescante.
Me había encontrado, y me quería enseñar sus pasos, y
todos los lugares que había ido de joven y de menos joven, todos los
consejos que nunca me daría mi padre, y que él como padre tampoco había
podido transmitir nunca, consejos muy apreciados.
Disfrutaba
de mi compañía, porque veía a través de los ojos de una
joven, la juventud que él había perdido, que tanto añorada, y ahora
otra guapa a su lado, pero esta vez con el mismo corazón revelde.
Durante un tiempo ya no se refugiaba tanto en la bebida,
tenía ahora otras motivaciones que lo hacían vibrar, un prototipo de lo que quería haber sido de más joven.
Siempre decía que eramos almas gemelas, mal encontradas en el tiempo.
Me llevaba a lugares siempre bien curiosos, es cierto que no había ido
nunca o no hubiera ido nunca si no hubiera sido por él.
Con la
curiosidad que mató al gato, me aventuraba a sin dudarlo un segundo a
dejarme llevar. Me gustaban aquellos lugares, por mí eran lugares
mágicos y algunos prohibidos, de la Barcelona antigua, no se, a mí me parecía que me metía en un cuadro del siglo anterior, Molino, El Bagdat, el
Jamboree, todo por el barrio chino, locales tan antiguos y llenos de
historias de Barcelona.
Aquellos lugares me hacían recordar las
tertulias de los escritores, o de los pintores, llenos de humo y de
olores tan curiosos, y era feliz solo mirando la película, sin tener que participar.
Toda aquella gente que conocí en aquellas noches de aprender
infinito, todas aquellas vidas tan marcadas, recuerdo una conversación con un travesti
de unos 50 años un padre de familia como cualquier otro, que de hecho solamente se travestia por actuar; y se dejaba invitar
por otros hombres, simplemente era su trabajo, o te gusta o no te gusta
decía, ¿a ti te gusta el tuyo?, y con esta pregunta me quedé..., no debía gustar nada el suyo, ¿valia la pena su sacrificio?.
Recuerdo también un señor muy muy viejo tocando el piano de cara
a la pared, un local donde íban a parar todos los cantantes fracasados
o viejos, que no tenían trabajo, y el público iba allá a reirse simplemente de
ellos, muy triste, pero al menos se ganaban la vida en el trabajo que
sentían algo, y con el orgullo que no habían perdido, y que esperaban con
la esperanza de que algún día en un u otro momento tendrían más suerte, ¿y
por qué no? (recuerdo una frase, mira Chiquito! tantos años muriéndose
de hambre y ahora "A la vejez viruelas").
Lo que recuerdo más de aquel
lugar era que durante más de media hora, había pensado que era un muñeco
autòmata, un títere o una marioneta gigante, me costó creer que era de
carne y huesos, con su frac, tan delgado y bajo, a duras penas
algunas canas al cabello como señal de que había tenido alguna vez, dando un cuarto de vuelta hacia el otro lado.
No era otra cosa que conocer el mundo de la farándula, desde el lado más humano.
Un otro día me llevó a una
barra americana. Aquí mi curiosidad de Alicia me
acercó a un mundo exclusivo de hombres, como podía perder una oportunidad
como esa de entrar a un lugar prohibido para las mujeres, si que entré y no
era como yo esperaba, bastante triste, yo esperaba más movimiento,
solamente un par de chicas, y que invitarlas a una copa costaba un ojo
de la cara, y si que me sentía fuera de lugar, inmiscuyéndome en un
lugar por cubrir mi curiosidad de Alicia.
A aquella amistad, le saqué tanto suco, y que me sentía una clase de
ladrona de saber tantas cosas a una edad que quizás no tocaba,
para mí era un maestro de la vida, el gran maestro Pío.
Allá dónde estés Pío, un abrazo