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Se retorcía bajo sus oscuros pensamientos

sábado, 06 de octubre del 2007
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pies

En su casa lo creyeron, nunca antes se había comportado así, con sus ojitos azules y su carita de ángel, había sido el niño más dulce que pudiera esperar una madre.

Sí, ahora salía mucho, como todos los de su edad, llegaba muy puesto, pero nadie lo veía, el tampoco.

Empezó como toda carne de cañón, por fumar petas, después pasó a más alto nivel, y no solo económico.

Un día cualquiera comenzó esconderse en su habitación, temblando, dejó el trabajo y de salir sin dar explicaciones.  Al principio no decía nada, todos los de su casa estaban a veces confusos, otras sintiéndose culpables o desesperados, nadie sabía que le estaba  sucediendo. Agresivo como un volcán, tan punzante verbalmente como una daga, o tan débil y silencioso como una mariposa cabizbaja.

Pocos días más tarde, entre portazo y portazo, acabó empujando a su padre fuera de la habitación, y confesó que se encontraba en esa situación por las amenazas de un clan de gitanos, que venían por él, les debía dinero entre otras cosas, algo que tenía que vender, que vendió pero que no pago, no entendieron bien, o no quisieron entender.

Transportó todo su miedo a su familia, cerraban las puertas poniendo toda serie de inventos, hacían guardias, lo acompañaban a todos los sitios. El primer paso fue  llevarlo a la policía, allí le dijeron que sería conveniente que lo viera un especialista, estaban demasiado ciegos, su madre se puso a llorar, no creían a su hijo. Ella  iba a misa cada día a pedir por el,  a la curandera, cualquier cosa que pudiese servir para que no lo matasen.

Finalmente lo llevaron al médico, y de éste paso a otro, y luego a otro más, y hasta entonces nadie hubiese dicho que eran fantasmas; dos días más tarde estaba en Sant Boi, en el hospital psiquiátrico. Todo estaba dentro de su cabeza y de la de nadie más.

¿Por qué estaba allí? ¿quién lo había decidido?, el no.

Se pasó más de un mes, cuando veía a su familia no podía hacer otra cosa que llorar.

Había entendido que las drogas le habían provocado sus enemigos imaginarios.

Se prometió una y otra vez, una y otra vez, cada día, cada minuto que sería la última vez que se lo prometía.

No ha vuelto allí, pero sigue sin poder cumplir su promesa.

El cartel del ascensor (capítulo 7)

viernes, 05 de octubre del 2007 a las 14:07
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SILLA, HOSPITAL

Se quitó la máscarilla de la boca, y me dijo - mi niña bonita, ¿pero,  que haces aquí?.

Le miré y le dije - esperando que despertases y que me cuentes más cosas, pensando en la historia del abuelo, cuando murió, me dijiste que otro día me explicarías el final.

  -¡Mi niña bonita!, tienes que jugar con tus amigas, vete al parque, aquí sentada todo el día ..., tu no te preocupes que no me voy a morir, algún día, pero no ahora, he salido de peores situaciones ya lo verás, esto son solo achaques de vieja, en los hospitales lo curan casi todo menos la vejez.

Me hizo llorar,.... la palabra morir, claro que la tenía en la cabeza sin que saliera de allí ni un momento. 

Mi abuela dijo - cuando vuelva a casa te explicaré la historia completa,  la que nadie sabe, algún día tu la escribirás para recordar todo lo que te he contado, y entre esos escritos siempre estaré contigo, aunque ya no esté, seguiré viva entre tus letras, una persona no se muere hasta que no la olvidan del todo y no queda nada para ser recordada. No muere la flor que le hacen un retrato, algún día alguien la puede encontrar  dentro de un cajón. Ahora anda  dame un beso y vete a jugar!. 

Días después, comenzó a explicarme - Hubo un antes y un después, de esta historia.

Como bien sabes mi madre murió en el mismo instante de mi nacimiento, y me pusieron su nombre. Mi padre quedó solo y desemparado por un tiempo,  después se fué a Brasil a vivir allí tuvo otra familia, cuatro hijas y un hijo, se hizo constructor, y que a mi me dejó con la hermana de mi madre a miles de kilómetros, sin ningún contacto.

Lo que no sabe nadie antes de todo esto es que  tu bisabuelo, intentó por todos los medios de casarse con mi tía, y mi abuela (tu tatarabuela) se negó rotúndamente,  era ella quien se quedó a mi cargo, entonces los hombres era muy inútiles en estos temas de crianza.

Mi padre iba a verme como si de un tío se tratase, nunca vió en mi una hija, más bien veía la causa de haber perdido su primer y único amor hasta entonces, nunca me quiso lo suficiente, a más como sabes el roce hace el cariño y no lo había, o al menos eso era lo que yo creía de la versión que me habían contado.

Mi tía se casó tiempo después y me llevó consigo, yo seguía siendo la hija mayor y ella seguia siendo la única madre que conocí y con el nacimiento de sus hijas, mis dos primas, mis hermanas.

Pero todos ellos me habían guardado, no me explicaron nunca, ni mi abuela ni mi tía nada, ni siquiera la gente más anciana del lugar, ni una palabra. Todo esto que sabía era solo una verdad a medias, pués yo no había visto a mi padre nunca no  podía recordar nada de el.

Y fué el día que encontré a Miguel, sí ese Miguel, el la carta, cuando me hizó tirar por tierra todo lo que hasta entonces   sabía de mi pasado.

¡Niña, estoy muy cansada! luego seguimos ... - me dijo ella. Y se recostó sin más.

Pero ... abuelita, ... bueno, después volveré. 

... 

 

 

El cartel del ascensor (capítulo 6)

viernes, 05 de octubre del 2007 a las 02:37
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lavadero publico

En el suelo había tres trozos pequeños de papel; en un momento vió que más bien pertenecian a  una carta hecha añicos.

En esa habitación había poca luz, encendió el candil y comenzo a mirar con detalle los tres trozos, solo había alguna palabra entera, revisó todo el suelo no había nada más, se dió cuenta que entre el espejo de la cómoda y la madera que lo aguantaba, sobresalia tímidamente un trozo más, estiró con cuidado y salieron unos  más. Se fue a la cocina, miraba de encontrar algo para ayudarle en su tarea, cogió un cuchillo pero este tenía la punta demasiado ancha, se fue ha buscar una aguja de ganchillo,  y con esta fué sacando uno a uno, mientras recomponía el puzzle, le seguian faltando trozos, pero tenía un nombre Miguel (otra vez Miguel)... estaba muy nervisosa había recompuesto gran parte, finalmente le faltaban trozos, pero tenía todo el escrito, y se podía leer a la perfección. 

 Iba pensando, en quien había hecho eso, se acordó de los ojos ocultos de su marido al mencionar la dichosa carta, seguro que esa misma.

Le tenía que explicar quien había encontrado aquel día y que le dijo, pero no había encontrado el momento, en realidad tampoco sabía que tenía que contar.

 Su marido no llegaba, esa nueva chiquillada, era culpa de ella, lo sabía, seguro que con los celos infundados que llevaba siempre consigo Antonio, había mal interpretado las palabras que ella tampoco llegaba a comprender.

El poema que tenía del tal Miguel, fué a buscarlo rápidamente.  Sí,  la misma letra. De hecho el poema era tan dulce, como una cancioncilla inventada de una madre a sus hijos, con los personajes de la canción,  también María y Miguel, sí como ellos dos, aunque de estos nombres en cada casa habían un par o más, con unos diez nombres podría nombrar a todos los de su pueblo. Era tierna, como la que ella, casi exacta, había creido inventar para los suyos, una canción de cuna.

Esperó..., pero no llegó.

Aquellas tardes de verano que nunca se acaban, el sol en medio del cielo sin ningunas ganas de irse a dormir, le empezaba a parecer que el tiempo se había parado,  desesperando de impaciencia.

Se empezó a preocupar, aunque por otro lado seguro que se había quedado con los amigos en la taberna a tomarse unos chatos de vino.

Salió, los niños seguian jugando en la plaza,  le dijo a la mayor que no se fuera a ningún sitio que vigilase a sus hermanos, ella tenía que salir a hacer un encargo.

Se dirigía a la taberna del pueblo, cuando oyó a lo lejos un gran alboroto, venía de la Mina, como llamaban al lavadero público del pueblo, sin saber por que se hechó a correr hacía allí, cuando estuvo cerca, a unos metros, dos mujeres se le echaron encima, una la cogió por los brazos y la otra se le abrazó al cuello llorando, no la dejaban avanzar, no veía nada, solo oía el sollozante gentío que le daba la espalda. 

Cuando la vieron, uno a uno empezó a callar, hubo un silencio aterrador, le estaban abriendo un pasillo entre la multitud, oyó solo una voz  que decía - ¡qué desgracia, por Dios!. Un hombre tenía su mulo cogido por las riendas, un cuerpo encima del mulo... ¿su Antonio?, sí, su Antonio...

 

Continuará... 

 

 

El cartel del ascensor (capítulo 5)

miércoles, 03 de octubre del 2007 a las 14:05
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El Cartero

El vecino le dijo en un tono burlón - vaya con el cartero, ¿eh?, aun no sabe donde vives.

María con un gesto de interrogación, le dijo – ¿Manuel “el cartas”?, sonrió, y pensó en los buenos ratos que habían pasado Manuel, ella y los demás infantes cuando eran niños, en esa misma plaza.

Y dijo - bueno no es que me lleguen muchas alguna al año de mi prima Mari Carmen , la que se fue a Brasil, pero no creo que “El Cartas” que haya olvidado mi casa, ¿por qué lo dices?.

Pues por la carta del otro día, la que le dí a Antonio, la que pasó el cartero por debajo de mi puerta, se le quedaría pegada con otra que tenía yo – dijo el vecino.

Ah!, pues no me la ha dado, la tendrá por ahí, ya sabes lo despistado que es – asintió María.


María llegó a casa, se dirigió al cajón del medio, no la había guardado en la cómoda, ¡qué raro!, seguro que se la dio cuando se iba al campo, y allí se le caería, por otro lado pensaba en las palabras de misterioso hombre (¿Miguel?) quizás se habría intentado comunicar con ella, tanto enigma, podía pensar cualquier cosa, pero seguro que era de su prima Mari Carmen. ¡Qué tonterías se le pasaban por la cabeza!, estaba el poema, las palabras, todo lo que se había llevado el viento aquel dichoso día. Aunque su sexto sentido siempre le acompañaba en esta ocasión se liberó de el y lo apartó hacia un lado.


Esa noche llegó su marido, dispuesto a marcharse hacia el puesto de fruta de la ciudad, comió poca cosa.


María le dijo, -¿Niño, estás malo?, hace días que no comes nada, y mira la cara que tienes con esas ojeras que te llegan hasta los hombros, tu no estás acostumbrado a ir de noche por ahí, creo que no te está sentando bien este cambio, sabes que a mi no me importa ir, yo ya estoy bien y puedo seguir haciéndolo, que soy mochuelo, y duermo poco. 


Antonio replicó -¿pero ... no tienes miedo?, mira que yo pasé por un ... terrible, va! es igual, es que no podría con la angustia, y de todas maneras tampoco conciliaría el sueño.


Por cierto, me ha dicho Pepe que te dio una carta, ¿donde la tienes, no la habrás perdido?, en el cajón no está, ya sabes como me alegra y disfruto cuando me llega un escrito de mi Mari Carmen, que noticias traerá de aquellas tierras.


Antonio no supo que decir, este detalle no le había dado importancia, Pepe y su larga lengua, ¿qué decía ahora?, - y dijo – creo que la dejé por encima de la cómoda, haber si la han cogido los niños pregúntale a ellos, y rápidamente salió de allí, escabulléndose de más mentiras, a el no le gustaban y sabía que María no pasaba ni una.


Ella, se quedó pensando ¿en la cómoda?, pero no le dio tiempo a indagar más... se había ido. Ella la hubiese visto, notaba algo más en Antonio, cuando no decía la verdad siempre bajaba los ojos, esta vez hasta se escapaba como un niño. Y pensó, no se que voy ha hacer con este hombre parece como si aun estuviese en la edad del pavo, siempre con sus miedos infundados y que todo el mundo va en su contra.


Muy temprano salió a comprar el pan, y a traer agua de la fuente, el Cartas, pasó por allí, María le dijo – Vaya, vaya, que me han dicho que no sabes donde vivo, - rió -que mi carta se la entregaste al Pepe, el vecino ...

¿Pero de que carta hablas? Dijo “el Cartas”.

Pues de la del otro día, ¿ ya ni te acuerdas?, pues si que tienes cartas a repartir, para no acordarte de la mía , pero si no creo que tengas que repartir ni 10 cartas a la semana.

El Cartas, atónito, - ¿el? El que podía decirle las cartas que había recibido cada uno de los del pueblo en todo el año, de quien venían y a donde iban, hasta se sabía de memoria las direcciones de los remitentes. Y le dijo, Mariquilla, Mariquilla! No me líes con tus bromas, que ya nos conocemos. Me voy que tengo que entregar estas en el cortijo de la Mamola, y ya sabes lo lejos que está. Adiós María. Mientras iba caminando, le iba diciendo, - ¿los niños bien? ¿y Antonio?, bueno me alegro. Hasta la semana que viene, a ver si nos vemos. Adiós.


Ella quedó con la cara desencajada, broma, en la cómoda, debajo de la puerta. Tantas cosas que cada vez coincidían menos.


Llegó a casa, y empezó a revolverlo todo, retiró la cómoda, aprovechó para limpiar por detrás, siempre había mucho polvo allí, a lo mejor se había caído.


Encontró algo, pero .... ¿como?


Continuará

El Gran Maestro

lunes, 01 de octubre del 2007 a las 11:56
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pio

Pío, era todo un tarambana. Lo recuerdo con sus cincuenta con una camiseta de rayas blancas y azules combinado con unos pantalones blancos, que le quedaba bien. Hacía olor a colonia de niños, mezclada con un olor dulce propio suyo, que realmente me molestaba. muy delgado y alto. Mirado así, podría parecer un marinerito, pero lo llevaba todo con una elegancia innata y  un talante especial.  

Era un hombre que desde siempre la libertad había sido su bandera, libre en los amores, que ya no tenía a capazos como antes, de hecho, ya no tenía ninguno, y se refugiaba en su último amor, el alcohol.

Coches deportivos, rubias despampanantes acompañándole para hacer el cuadro más atractivo. Empresas a la ruina.

Una vida llena descalabros, de cosas falsas o razones inútiles  que llenaban su vacío interior.
 
Muy listo y capaz de emprender cualquier empresa que se propusiera, pero en la etiqueta de su caja ponía, Muy Frágil, se rompía como el vidrio. Pero se engrandecia gracias al líquido de la botella que le convertía en un ser más fuerte y sobre todo más valiente ante el resto.

Yo debía de tener unos veinte y pocos años, cuando lo conocí, y no hubiera creído nunca que haría tan gran amistad con aquel personaje tan peculiar, no por la forma en conjunto, sino por la edad, era muy clasista entonces con ese tema, cada edad a una parte de la ralla. En este caso, pero, lo veía de igual a igual, y bien desde el inicio.

Tenía muchos secretos a esconder. Hacía muchos años que estaba separado, y no le gustaba hablar del tema, no veía a sus hijas, de hecho ellas no se ... creo que no lo querían, nunca las vi.

El , sí él, tenía la culpa de lo que pasó aquella maldita noche; y a él le quedaba la marca por siempre jamás, era demasiado tarde para pedir perdón. Una noche llegó a casa, después de una larga velada de fiesta; no se lo que pasó o como, pero se que su hija se quedo sin dedos, sólo se que había sido un accidente, però si el no hubiese... posiblemente eso no hubiera pasado nunca, el manllevaba el peso mordaz de su culpa.
 

¿Qué pareja de amigos tan entraña? se podían preguntar algunos, pero sí, solamente éramos amigos, pero bien mirando desde fuera y con ojos de un poco o muy observador, y con ganas de liarla, se podía pensar cualquier otra cosa, tampoco era demasiada usual ver salir de cualquier lugar a aquellos par de amigos a cualquier hora, ...

Desprendidos del destino,  nos llevó a encontrarnos unas cuantos meses a trabajar en una ciudad desconocida, y fue lo que dio lugar a una gran amistad.

Durante unos 4 años, me convertí en su ahijada, la hija que no había tenido nunca. Creo que hubiera dado la vida por mí en cualquier momento.

A veces me preguntaba, si me veía como hijo o como hija, y creo que según soplaba el viento, o quizás como que yo hacía ver que era tan radicalmente feminista, quizás era una clase de protección  para que no me sintiera incomoda, y intentaba hablar conmigo sin hacer distinciones de sexo, aunque en el fondo era irremediable. Però el hecho de sentirme asexual no es que no tuviese importancia, todo lo contrario tenía muchísima en esta relación, ya que mí me gustaba, por fin, descansaba ratos, el no ser de ningún bando, me favorecía, era refrescante.

Me había encontrado, y me quería  enseñar sus pasos, y todos los lugares que había ido de joven y de menos joven, todos los consejos que nunca me daría mi padre, y que él como padre tampoco había podido transmitir nunca, consejos muy apreciados.

Disfrutaba de mi compañía, porque veía a través de los ojos de una joven, la juventud que él había perdido, que tanto añorada, y ahora otra guapa a su lado, pero esta vez con el mismo corazón revelde.

Durante un tiempo ya no se refugiaba tanto en la bebida, tenía ahora otras motivaciones que lo hacían vibrar, un prototipo de lo que quería haber sido de más joven.

Siempre decía que eramos almas gemelas, mal encontradas en el tiempo.

Me llevaba a lugares siempre bien curiosos, es cierto que no había ido nunca o no hubiera ido nunca si no hubiera sido por él.

Con la curiosidad que mató al gato, me aventuraba a sin dudarlo un segundo a dejarme llevar. Me gustaban aquellos lugares, por mí eran lugares mágicos y algunos prohibidos, de la Barcelona antigua, no se, a mí me parecía que me metía en un cuadro del siglo anterior, Molino, El Bagdat, el Jamboree, todo por el barrio chino, locales tan antiguos y llenos de historias de Barcelona.

Aquellos lugares me hacían recordar las tertulias de los escritores, o de los pintores, llenos de humo y de olores tan curiosos, y era feliz solo mirando la película, sin tener que participar.

Toda aquella gente que conocí en aquellas noches de aprender infinito, todas aquellas vidas tan marcadas, recuerdo una conversación con un travesti de unos 50 años un padre de familia como cualquier otro, que de hecho solamente se travestia por actuar; y se dejaba invitar por otros hombres, simplemente era su trabajo, o te gusta o no te gusta decía, ¿a ti te gusta el tuyo?, y con esta pregunta me quedé..., no debía gustar nada el suyo, ¿valia la pena su sacrificio?.

Recuerdo también un señor muy muy viejo tocando el piano de cara a la pared, un local donde íban a parar todos los cantantes fracasados o viejos, que no tenían trabajo, y el público iba allá a reirse simplemente de ellos, muy triste, pero al menos se ganaban la vida en el trabajo que sentían algo, y con el orgullo que no habían perdido, y que esperaban con la esperanza de que algún día en un u otro momento tendrían más suerte, ¿y por qué no? (recuerdo una frase, mira Chiquito! tantos años muriéndose de hambre y ahora "A la vejez viruelas").

Lo que recuerdo más de aquel lugar era que durante más de media hora, había pensado que era un muñeco autòmata, un títere o una marioneta gigante, me costó creer que era de carne y huesos, con su frac, tan delgado y bajo, a duras penas algunas canas al cabello como señal de que había tenido alguna vez,  dando un cuarto de vuelta hacia el otro  lado.
 

No era otra cosa que conocer el mundo de la farándula,  desde el lado más humano.

 
Un otro día me llevó a una barra americana. Aquí mi curiosidad de Alicia me acercó a un mundo exclusivo de hombres, como podía perder una oportunidad como esa de entrar a un lugar prohibido para las mujeres, si que entré y no era como yo esperaba, bastante triste, yo esperaba más movimiento, solamente un par de chicas, y que invitarlas a una copa costaba un ojo de la cara, y si que me sentía fuera de lugar, inmiscuyéndome en un lugar por cubrir mi curiosidad de Alicia.

A aquella amistad, le saqué tanto suco, y que me sentía una clase de ladrona de saber tantas cosas a una edad que  quizás no tocaba, para mí era un maestro de la vida, el gran maestro Pío.

Allá dónde estés Pío, un abrazo

 

El cartel del ascensor (capítulo 4)

viernes, 28 de septiembre del 2007
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Carta

La carta decía así:

Mi queridísima María,

Siento muchísimo haberte dejado ese día, quiero explicártelo todo, pero no puede ser por carta, nos tenemos que ver.  Te espero en el Molino del Espinal todas las noches de estas dos semanas, después me espera un largo camino de regreso.

Me agradaría tanto que vinieses conmigo, aunque sé, que sería imposible, però sino ahora, seguro que podrá  ser más adelante.

Por lo que me podido informar en el pueblo, te será extraña esta petición, ya que no recuerdas nada,  aunque también podría ser  que nos estuvieses encubriendo.

Sea como sea, por favor tienes que venir, se lo debes a tu  familia.

Miguel 

 

 Antonio, estaba muy seguro de lo que estaba haciendo protegiendo a su mujer y a toda su familia de esa alimaña, que primero se la quita, después la deja, y ahora vuelta a empezar,  y después de dos semanas no habría peligro, se habría ido y los dejaría en paz. Y esas dos semanas y las restantes, se desviaba del camino e iba hacia el molino para ver si podía encontrar al tal Miguel, para que le diese explicaciones a el, pero nunca lo encontró. Pensaba que seguro que estaba acechando desde algún punto cercano.

P ero lo que no le cuadraba de ninguna manera era el final de la carta  "... se lo debes a tu familia..."

Miguel, esperó y esperó pero no llegó a aparecer María, cada dos días venía un hombre pasaba por allí miraba y se volvía, quizá le llevara algún encargo de María, quizás fuera su marido, seguro que se lo había contado, però y si habían interceptado la carta los otros. No se atrevia a salir de su escondite, se jugaba mucho. Y por otro lado ¡Era demasiado para que lo supiera por otro, y el estar seguro a quien le contaba, tendría que venir ella!. 

Continuará... 

El cartel del ascensor (capítulo 3)

jueves, 27 de septiembre del 2007
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BURRO

Intentó abrir los ojos, tenía muchísima sed y calor. ¡Uf, qué sol!, pensó.  En unos milisegundos le vinieron a la cabeza los últimos recuerdos que tenía, se levantó de golpe,  y gritó

- ¡Sancho Panza! ¿dónde estás? miraba para ver si su burro estaba por la zona.

De pronto, oyó una voz, que le dijo,

-¿Sancho Panza? - una carcajada salió de entre la nada - ¡Sancho Panza y Don Quijote, no han pasado nunca por estas tierras, mi señora Dulcinea!

- ¡Pues, es mi burro! - mientras miraba atorada la presencia, y la confianza con que le hablaba  aquel extraño, -y Don Quijote, el mulo-.

- ¡Vaya un nombre para un burro o un mulo!- y siguió riendo 

María, empezó a explicarle rápida y nerviosamente todo lo que recordaba de lo que le había pasado, como se llamaba, donde vivía, le preguntó donde estaba,  el le dijo:

- ¿Sabes ?, estas hablando como si todo eso hubiese ocurrido ayer, y te acabaras de despertar ahora mismo, llevas  conmigo, varias semanas. Te conozco a partir de ese día, de tu anterior vida  no sabías  nada y ahora ...

- ¿Como? ¿Me está tomando el pelo?, - se atrevía a a tutearla y además le estaba diciendo algo que no tenía sentido.

- ¡Me estará confundiendo con alguien! - dijo María. 

 El se echó a reír otra vez, no daba crédito a sus oídos,  se estaba dando cuenta que estaba recordando toda su vida anterior, pero a el y a las  semanas que habían estado juntos, las había olvidado por completo. Pero ¿cómo?.

De pronto se puso nervioso, y le dijo susurrando- ¡vienen otra vez!, tenemos que escondernos, ¡rápido por aquí!.

María que tampoco sabía ni como había llegado hasta allí, y aunque en su interior algo le decía que podía confiar en el,  ni por un momento quiso hacerle caso.

El se paró, al ver que no le seguía, comprendió que no le podía explicar todo lo que había pasado en esos días. Y entonces, le dijo - te buscaré, de aquí a un tiempo, no se cuanto, pero volverás a tener noticias mías. Por favor, sólo piensa que te salve la vida y me lo debes, cuando te encuentren les dices que no sabes que te ha pasado y no menciones mi presencia olvida estos diez minutos, por favor, y también lo poco que hemos hablado, algún día te lo explicaré todo. Y si recobras la memoria, de estos días sabrás ... lo que intentaba decirte.

Minutos más tarde llegó  la guardia civil,  - ¿Señora  se encuentra bien? ¿Qué hace Ud. aquí?, ella no contestaba, aun no estaba  del todo en la tierra  y cada vez se encontraba más extraña.

Entonces empezó a hablar y hablar casi sin respirar, les explicó todo lo que alcanzaba a recordar, obviando aquellos diez minutos, aunque en su interior no sabía porque lo escondía, pero tenía el presentimiento que lo estaba haciendo bien.

  La guardia civil le comentó que había cesado la búsqueda la primera semana aunque lo que sabían era por los compañeros de otro cuartel, que su marido y todos los del pueblo, habían estado buscándola por tierra, mar y cielo; que el burro apareció en casa sin ella esa misma noche y fue cuando dieron la alarma, y que lo único que encontraron fueron  las alforjas en el viejo molino del Espinal.  Creyeron que el fango la había sepultado y por eso no la podían encontrar, la daban por muerta.  ¿Y cómo había llegado tan lejos señora? ¿Y cómo había sobrevivido en esa montaña tantos días?.

La llevaron de vuelta a casa,   durante unos días, todo el mundo pasaba por su casa, la curiosidad de los vecinos del pueblo  se extendió tan rápidamente que no la dejaron descansar ni el primer día.  Y una y otra vez repetía la misma versión.

Su marido Antonio, no se creyó la versión de la amnesia ni por un momento, el la prefería muerta a que hubiese largado con otro, y pensaba que le había salido mal y había vuelto a casa por ese motivo,  pero de momento se lo guardó para sus adentros. Sus hijos eran pequeños la más mayor tenia 14 años,  necesitaban una madre y el a su mujer. Tanto tiempo juntos, ¿cómo podía ser que quisiera dejarlos por otro tipo?.

Ella encontró una poesía en un bolsillo de la ropa que llevaba cuando estuvo quien sabe donde, y que  la firmaba un tal Miguel, ¿ sería aquel señor tan enigmático?. Se la aprendió de memoria le parecía preciosa,  la ternura era el sentimiento que le afloraba cuando la leía.  Ella sólo se preguntaba, ¿recuperaré la memoria de esas semanas?, ¿qué era tan importante para buscarla de nuevo? ¿que habría pasado? l ¿por qué escapó? las palabras retumbaban en su memoria "¡Vienen otra vez! tenemos que escondernos, ¡rápido por aquí! o que le había salvado la vida. Por más que se esforzaba, para ella   todo pasó en un momento.

Un mes más tarde, un vecino le dio una carta a Antonio, y le dijo - se la das a tu mujer, no pone remitente, pero su nombre si, la he encontrado por debajo de la puerta, el cartero se habrá confundido de casa.  -Gracias - dijo Antonio sonriendo falsamente,  se guardó la carta en bolsillo de la camisa , no llevaba sello, el cartero no podía haberla entregado.

  A partir de ese momento, las noches que tenía que ir a Motril, iba Antonio, siempre le habían criticado que su mujer se diera esas caminatas noctámbulas,  los niños, la casa, recoger la fruta, la verdura, separarla y volver a empezar, poner inyecciones, repartir los encargos, hacer poesías para la iglesia para los días de misa, decorarla con flores...  El tampoco había puesto  mucho de su parte,  solamente se ocupaba del huerto y sus almendros, el resto era de su mujer. En el fondo todo el mundo le miraba como si el tuviese la culpa de lo que le pasó , pero el pensaba, porque no puedo hablar, sino os ibais a enterar de quien es quien, algún día, algún día, que ojalá no llegara, pondría la cartaen  el tablón del ayuntamiento, para que todos se enterasen, incluso su mujer,de que él había tenido la carta mucho tiempo sin entregársela. El realmente no había cambiado su forma de trabajar por el que dirán,  el iba  para que no hubiese ningún otro posible encuentro con el tal Miguel.

Ese día volvió a abrir la carta para volverla a leer, aun no le cuadraban algunas cosas...

Continuará... 

 

 

El cartel del ascensor (capítulo 2)

miércoles, 26 de septiembre del 2007 a las 12:46
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tormenta

Dos semanas más tarde, volvía a estar en el hospital, yo quería ir. Me dijeron que mejor que no, pero insistí. Y allí estaba yo, mirándola, tenía una mascarilla tapando la boca, tubos que bajaban hacia los raquíticos brazos muy amoratados y perforados  porque las enfermeras no encontraban la venas, y también  un gorro blanco que le cubría la cabeza, una bata de aquellas que parecen salidas de los manicómios de antes. Ella reposaba, estaba dormida; me senté a su lado y empecé a recordar una historia:

Una noche salió como siempre, le hicieron los encargos mientras atravesaba el pueblo, se dirigió hacia el camino, le habían advertido:

- ¡Mariquilla!, ¿quieres decir que hoy irás a Motril? Parece que hoy habrá tormenta, mira que "junta de pájaros, agua segura".

- Ella le respondió con otro refrán - "lo que en junio de moja, en junio se seca".

Sonrió y siguió, y unas horas más tarde el cielo estaba bien cubierto. Decidió llegar hasta un refugio que conocía cerca de allí, parecía que su largo camino tendría que detenerse hasta que pasará la tormenta, aunque no le preocupaba porque en este tiempo duraban poco.

No había nadie, a veces se encontraba otros comerciantes conocidos, que se dirigían al mismo lugar eran de otros pueblos vecinos, por lo que casi nunca andaba sola,   por lo general no había pasado miedo en esos recorridos.

El refugio era un molino, estaba en medio de la nada, en otros tiempos  habría estado habitada la zona, todavía había algunas ruinas en pié pero sin techo, estaba entre su pueblo y Motril.

Empezó a llover torrencialmente, le quitó las alforjas a su burro para que descansara, no sabía cuanto tiempo estaría allí, se sentó en el suelo y esperó. Veía a su burro muy nervioso e intentó tranquilizarlo.  Un rayo  y el inmediato y tremendo trueno hizo que retumbara todo, algo cayó  de la parte de arriba del molino encima de su burro lo que lo sacó de sus casillas, ella lo desató, el burro forcejeaba y se escapó,  lo siguió  para atraparlo, no se dio cuenta de que las ramblas se habían desbordado y  acto seguido estaba arrastrada por las aguas torrenciales, , atrapada por el fango, intentando salir de allí de todas todas, algo le golpeó en la cabeza y perdió el sentido...

Continuará ...

 

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Vine aquí para descubrir o descubrirme un poco más, lo logré, hay seres maravillosos que rondan estos lares. Besos

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Pasa, pasa!! (sexyrebelde)
Yo añadiria a tu lista lo siguiente:Roben roben, y llevense a los politicos que nos mienten.A los ......(01 dic)
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jajajajajajajajaja, pero donde he puesto yo que me lo quedo!!! ahora que no le queráis vosotras, ya ......(30 nov)
Pasa, pasa!! (EstrellaWendy)
Agatha, las penas y los gastos, las penas nos quedamos lo aprendido en ellos y el resto que se lo ......(30 nov)

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