BAILANDO SOLA - Segunda Parte
Viene de "Bailando Sola"
Durante ese año se siguieron viendo, en un sitio o en otro, pero a pesar del amor y sus escasos encuentros, no sólo les separaba la lejanía, había muchos temas a resolver si querían estar juntos, sus trabajos, sus familias, el entendimiento, no era fácil que en su casa entendieran que él era de raza calé, pero es que en la de él aun era más difícil, ella no lo era.
Se escribían las más maravillosas cartas de amor que nunca creyeron poder hacer, cartas que la madre de Diego leía sin perderse ni una coma; primero las buscaba en el cajón derecho de la cómoda, cuando sus hermanas le avisaron de las lecturas, decidió a cambiarlas de sitio, pero ella rebuscaba, qué no sabía ella de él y de sus escondrijos... si lo había parido. Hubo una carta especialmente explicativa en la que cambió el rumbo de sus pensamientos, se había vuelto un peligro María para su hijo.
María, volvió al verano siguiente, esta vez la maleta era más llevadera, pensó de pasar unos días o una semana como mucho el dinero no le llegaría a más, después pasó a diez, al final se fue un día antes de volver a empezar a trabajar, casi tres semanas sin decir a nadie donde estaba, sólo un par de llamadas escuetas diciendo que estaba bien.
Esa última semana volvían a ser las fiestas en el pueblo, había pasado ya un año desde el inicio de aquel romance, a punto de la marcha, la tarjeta visa se había quedado sin saldo, el coche sin gasolina y tenía que pagar la factura del camping, el único banco del pueblo cerrado por fiestas y con el cajero estropeado, y el pueblo más cercano y con banco, a 40 km; era increíble lo serio que se tomaban las fiestas allí, tenían que aprovisionar muy bien la despensa para esos días, porque lo único que se podía conseguir era pan y si se levantaban temprano.
Llegó al cajero, de esa otra tarjeta no recordaba el número secreto allí tenía algo de dinero poco pero llegaría a casa, todo el camino intentando recordar, nunca la utilizaba, la tenía por si acaso, en el tercer intento lo consiguió y casi le da un beso a la pantalla, no le gustaba andar dependiendo de otros, ni que fuera de Diego.
Más tarde, después de una de sus cortas separaciones, casi sin respirar, le dijo: ¡María, escóndete!, quedamos a las diez de la noche en la plaza, hasta entonces no vayas ni al camping, ni a los sitios donde estamos normalmente, por favor escóndete bien, mi madre te está buscando, camúflate entre la gente, que no te conozca. María se quedó casi con la palabra en la boca, vio como se alejaba corriendo igual que había llegado, ¿pero dónde y por qué esconderse?.
Decidió meterse en el coche hasta las 10 de la noche serían sobre las siete; si había algún tipo de peligro pondría correr, sin correr. Con la ventanilla bajada ya, escuchando la gente del bar de enfrente, con la música no muy alta para no llamar la atención, los nervios del primer momento se le habían pasado, estaba relajada, la calle semi-vacía había elegido un sitio tranquilo fuera del tumulto pero cerca de la gente. Apareció la madre, era tremendamente más joven de lo que ella se hubiera imaginado, más bien hubiera dicho que era su hermana por eso en el primer momento respondió a la pregunta; aquella cabellera negra haciendo juego con sus ojos. Ella le preguntó- ¿eres María, la novia de Diego,? - María sin pensar le dijo que sí, no sabiendo lo que se le avecinaba.
Le dijo- tienes la cara de un lucero, reluces tanto que ahora se porque mi hijo se quedó prendao, pero tu no eres para él, él tiene que querer a alguien de su talla, de su raza, tu eres una mujer casada. María, se atrevió a replicar puesto que no lo estaba, pero el sentido de esa palabra, no era el mismo. Siguió diciendo- sé que mañana te vas, y no quiero que vuelvas a pisar nunca jamás este pueblo, si vuelves tu cara guapa te la voy a llenar de cruces, te van a quedar tantas señales que ni dios te va a conocer, ¡niña!, y si le dices algo a mi hijo de lo que te he dicho, te vas a arrepentir toda la vida. Donde tu vives, y que ya sabes que tengo tus señas, tengo mucha familia dispuesta a quitarte de en medio. ¡Júrame, que te vas a ir!, ¡Júrame por tus muertos que no vas a volver y que vas a tener la boca callada! tu puedes conseguir al payo que quieras, deja en paz al hijo de mi alma, no lo he criado para que acabe con una paya.
María, no sentía miedo, le parecía la bronca de su misma madre, la de ella, mirándolo desde en el lado opuesto, como una gata rabiosa defendiendo a su cachorro en peligro. La vio tan franca, que pensó en que aunque fuera el amor de su vida, no duraría mucho en darse cuenta que esa no era su vida, sus convicciones, su manera de ser por mucho que respetase las otras no podía lograr que la respetasen a ella, María no creía que pudiera aguantar una situación así mucho tiempo, por lo que le prometió que se iría y no volvería más, y que juraba que a su Diego no le diría nada.
Esa noche, en el camping oía lo inescuchable, se le había agudizado el oído y el poco viento ayudaba a cada hoja, a cada sombra a que se multiplicase y se convertía en un sobresalto de afiladas navajas. Su Diego a su lado durmiendo apaciblemente, él pensaba que la conversación con la madre había ido bien.
Al día siguiente María se fue...
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