Engañando al Amazonas (2)
2 - El Turista Casual y El Contramaestre
Un turista casual se encuentra también a bordo, la casualidad se dió en una cena unas veinte noches atrás y lo ha llevado hasta allí; una de esas propuestas en las que no sabes porque dices que si.
Unos cuantos amigos, más bien conocidos y casuales, reunidos alrededor de la mesa. Joan Palomes, comentanto su próximo viaje al Amazonas, sus batallitas carnales con las habitantes de la zona, entre carcajadas de hombres creyéndose superiores a esos cuerpos deseados, que por unos reales les entregaban hasta el alma, escondidos detrás de sus copas llenas de vacios, como quien compra un trozo de carne y se lo come a su gusto. Allí estaba él, Sadurní, un poco fuera de lugar pues no parecía tener ese perfil que aparentaban los demás, aunque disfrutaba igual con las conversaciones tan poco austeras que se daban esa noche con ese extrovertido Palomes. Entre historías y más histórias, Sadurní cuenta la suya, no ha tenido nunca suerte con las mujeres, que se había pasado doce años con la esperanza de volver con aquel amor suyo que lo dejó, y que los únicos polvos que había echado eran tan pocos que nadie se lo iba a creer si lo contaba y por supuesto pagando, explicaba que el sexo no es algo tan importante para él.
Como quien no quiere la cosa, Palomes lo invita a pasar esos días con él, hay dos camarotes de sobra y seguro que allí pilla cacho mucho más barato. A Sadurní le provoca sorpresa y de hecho lo ha dejado tan perplejo que le dice que no, pero al cabo de unos días le acepta la propuesta, ¿por qué, no? un viaje tranquilo por el Amazonas, salir de su rutina y ver mundo, además en esos momentos el trabajo es tranquilo, lleva las viñas de sus padres, y tiene tiempo para dejar hechas las pocas tareas hasta el viaje.
El contramestre del barco, es argentino, no se sabe demasiado de su vida, ha vivido aquí y allí nunca ha tenido raices, éste hace inicialmente de guía del Sadurní, pues no ve a nadie más, la tripulación le guardan las distancias los primeros días, para ellos es otro de esos que viene a lo que viene con aires de superioridad. Los días con sus noches se hacen largos, siempre navegando, y Palomes que casi no sale del camarote. Comen pescado y beben cerveza, alguna parada esporádica, tres días agotadores de tanta tranquilidad.
Esa tercera tarde, la cosa cambia, se oyen unos gritos tremendos entre la cocinera y el capitán, Nane y Badalona, son pareja, se da cuenta entonces, los celos han vuelto a hacer remover las entrañas del barco, que por lo que sabe después es algo habitual. Nane es muy visceral y tal como siente, dice, y conforme a la intensidad de sus sentimientos baja y sube el tono de su voz. Sadurní, de pronto pasa de encontrarse en medio de esta pelea, a ser el escuchante de las desdichas de la cocinera y sus relaciones sentimentales con el capitán, no sabe como, pero se encuentra siendo el confidente y el receptor de todos los problemas causantes de sus discusiones. Lane no hace más que llorar y gritar, ha encontrado en él alguien que la escucha, como si necesitara que la entendiese y apoyase en sus temores sobre la durabilidad y entrega que le ha dedicado a Badalona obteniéndo tan poco de él, sólo cuernos y celos, ... o al menos eso es lo que parece.
Continuará...
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