El cartel del ascensor (capítulo 8)
Volví
con ella al día siguiente después de hacer los deberes,
los hice tan deprisa como pude, se había quedado en la parte
de Miguel, el misterioso, ¿quién era? ¿cuándo
se encontró con el, otra vez? ¿quién mató
al abuelo, o que le pasó para morir?, había inventado
mil situaciones posibles desde el día anterior. Incluso le
pregunté a mi madre, y me dijo que no hiciera caso, que me
debía estar explicando un cuento. Ni por un momento pensé
que era algo inventado, que incrédula que podía ser a
veces.
Llegué a la habitación, ella tenía
una carta entre las manos, muy vieja y enganchada con celo. ¿Era
la famosa carta?, claro que sí, que podía ser sino.
Aunque el papel amarillo con manchas ocres, olor a rancio,
algún bicho minúsculo corriendo por el papel,
y con las letras desgastadas que aún se podían
leer.
Tenía también una caja, de aquellas de
metal, oxidada, con recuerdos, cartas, fotos y poesías.
Me
empezó a enseñar todo, este era mi Antonio, esta mi
abuela, esta yo el día de mi comunión, mi prima, ...
estos mis hermanastras, ... este era mi padre y su primera casa en
Brasil, ... (y yo pensando, -¡venga abuela, al grano, que me
tienes en ascuas!, un resumen rápido y ya me cuentas
después todos los detalles).
-Me dijo, ¿sabes
que van a venir?.
-¿Quien? - le dije yo
-Tus
primos (primastros), bueno - dijo -ya me pierdo en el parentesco, dos
hijos de mis hermanastras que están casados primo
con prima y sus dos hijos. Mi sobrino va hacer un Master en
Madrid, sobre ingeniería, estarán un año
por aquí. Han preguntado en el pueblo por mi, y le han dado el
teléfono, estarán aquí en un par de
semanas.
Ellos también saben la historia y mejor que
yo, bueno te explico que te veo impaciente.
Mi padre se fue a
Brasil, se casó de nuevo, pero no allí, como me habían
hecho creer hasta entonces, sino en nuestro país,
y se fue a vivir después de unos tres años de
casado. Bajo ningún concepto me hubiese dejado sola, no quería
marcharse sin mi, ya tenía cinco años, y una nueva
mujer para cuidarme, en su nueva familia podía
encajar perfectamente, además tenía un hermano mayor,
Miguel, pero por la urgencia de la marcha y la obstinación
de mi abuela, no pudo ser.
- ¿Un hermano mayor, abuela?
- le dije
- Sí, Miguel era mi hermano, pero hasta que
el no me lo dijo ... bueno sigo - dijo ella.
Mi abuela y
mi tía, se negaron rotundamente a que me
llevasen con el. Nunca y bajo ningún concepto pasaría
eso, estaría mucho más segura con ellas, si nadie sabía
de su existencia, ni a mi me dirían nunca mi verdadero
apellido, hasta que llegase el momento.
El volvió
cuando yo tenía catorce años, pero no me lo presentaron
como mi padre, sino como un pariente lejano, cuando llegué
a casa, desde la calle se oía una terrible discusión
dispersa, no se entendía nada, pero cuando entré,
volvió la calma.
Miguel, mi hermano, me contó
que mi padre hizo enemigos muy peligrosos, por eso se fue casi
de un día para otro, en cuanto salió el primer barco
para las Américas. Por eso nos buscaban, los otros, no
era la guardia civil, sino los que querían esas
tierras al precio que fuera.
En un futuro el Espinal sería
muy cotizado, había muchos millones en juego, en diez años
como mucho, el amo de estas tierras sería enormemente
rico.
Los otros, intentaron comprar a bajo precio las tierras
del Espinal, sin explicar lo que se cuajaba y ¿por qué
razón querían ese lugar o esas tierras?, si allí
no había nada. Como esas ruinas habían muchas y en
mejor situación.
Mi padre no se sabe como se enteró,
a parte de que no quería vender. Le amenazaron a el y a su
familia de muerte, por eso abandonó el país. Todos
estaban sentenciados menos yo, ya que nadie sabía de mi
existencia, por eso también hubo silencio hacía todos
los lugareños y a todos le hicieron creer la misma historia
que a mí, mi padre no era del pueblo no sabían mucho de
el.
El día de la lluvia intensa, todos me esperaban,
era la copropietaria del Espinal sin saberlo. Y tuve mucha suerte
cuando me encontró la guardia civil dos semanas después,
y no los otros.
El día de la tormenta me buscaban para
obligarme a que firmara los papeles de la tramitación del
lugar y Miguel para salvarme y explicármelo todo.
Miguel
me encontró después de la muerte de mi marido y me
explicó eso y mucho más ...
Otro día
sigo, me fatigo mucho hablando, cariño.
(Ya no me salió
ni el "pero..." que íbamos a hacer).
Me dirigí a
mi madre y le dije - pues sabes, tienes un tío que
se llama Miguel.
Si, lo se en Brasil -dijo ella.
Pero a
que no sabes que es tío y no "tiastro",
o como se llame.
A mi madre le salió una
carcajada espontánea, y dijo -es mucho mejor escuchar a
tu abuela que ir al cine o leer un cuento, ¿a qué si?,
cuando yo era pequeña no tenía tiempo para explicarnos
tantos, tienes mucha suerte.
Me fui, no se podía
hablar con ella, otro día le pediría a la abuela que me
dejase la carta para tener alguna prueba que demostrara que yo tenía
razón. ¿Pero cómo no podía saber nada de
eso? ¿y por qué me lo había explicado a mi, y a
sus hijos no?
... Continuará


