El cartel del ascensor (capitulo 12)
Esta vez era la definitiva, ya no la volvería a ver viva, se empeñó en salir del hospital, no quería morir allí, insistió que se iba a nuestra casa, casi no llega a la habitación, fueron minutos por lo que explicaban.
Le habían colocado un traje horrendo, tan tosco, tan exclusivo, con la marca muerte, supongo que para no tener ninguna duda.
No me pude despedir de ella, así que se me ocurrió ponerle una carta en el bolsillo, por si podía leerla alguna vez, estuve mucho rato pensado cuales hubieran sido mis últimas palabras, pero no quería deprimirla con mis sollozos, así que las letras solamente expresaban gratitud y le decía que algún día nos volveríamos a encontrar.
Había oido que después de muertos, y durante un par de horas podían escuchar, cuando no hubo nadie rondándola, me acerqué silenciosamente y le dije al oído: -Abuela, te he metido una carta en el bolsillo, espero respuesta-. Cuando uno es niño pide cosas imposibles, era la primera muerte que me tocaba de cerca, que sabía yo que no me contestaría, pero como dicen, el no ya lo tenía.
Meses más tarde recibimos notícias de que su hermano Miguel, también se había ido con ella. Los más viejos explicaban que siempre se llevan a alguien en poco tiempo, y al que más querían, por lo que me quedé un poco triste de saber que le quería más que a mí, pero por otra parte pensaba que se llevaba un buen compañero de viaje.
Un mes mas tarde recibieron mis padres una carta de un notario, y tenía que ir yo con ellos... ¿yo? ...¿qué era un notario?, nadie me lo explicó muy bien, solo entendí alguien que da fe... ¿fe?, había escuchado esa palabra en un cuento... en la primera película que vi en el cine de al lado de mi casa con cinco años, era una de las palabras de Peter Pan, "fe, esperanza y polvo de estrellas".
Continuará...


