EL CARTEL DEL ASCENSOR (Capitulo 11)
Entonces ... -interrumpió mi abuela,
otra vez cambiándome, sino de escenario de tiempo:
Acompañada
por la Guardia Civil fui a reconocer a aquel otro hombre, para ver si
ese cadáver era el supuesto Miguel, me impresionó
muchísimo, pero ... no era, por un momento me
alegré.
Le tenía que echar la culpa a alguien de mi dolor y de mi rabia... aquel hombre ... no tenía ni la más remota idea de donde lo había visto. Si no era el tal Miguel, ¿quién era?, justo ahí fue donde me citó a mi, todo me apuntaba a el.
Después
de varios meses de investigación nada hallaron, nadie sabía
quien era el muerto. La guardia civil achacó a un intento de
robo o ajuste de cuentas, y que las dos partes salieron mal parados,
pero yo seguía insistiendo ¿qué ajuste de
cuentas? era un hombre pacífico, allí podría
haber alguien más ¿dos muertos que se matan entre
sí?...
Luché entre el dolor y la rabia durante
mucho tiempo, pero tenía cuatro hijos había de salir
adelante, no me daba miedo seguir sin mi Antonio, pero la injusticia
me producía una sensación de desasosiego y no quería
traspasar a mi familia ¡bastante estaban sufriendo mis pobres
hijos!.
Llegó un telegrama, me lo traía "el
Cartas". En el pueblo no era una cosa común, hubo
revuelo, siempre era noticia algo fuera de lo común, entonces
no teníamos televisión, solo radio, y cualquier cosa
era noticia.
Anunciaba la llegada de mi padre, si, mi padre! y que no comentase con nadie, pero no quería que me asustase.
Hasta ese momento aunque me había hecho innumerables preguntas
sobre el, creía que no le importaba mi existencia.
Allí
estaba frente a mi, que tenía que hacer después de
tanto tiempo, ¿darle un beso? ¿un abrazo? no, no,
porque ser hipócrita yo no le tenía ni la más
mínima estimación, solo curiosidad. No sabía
quien era, podría ser el padre de cualquiera, le acompañaba
otro hombre, aquel que durante tanto tiempo estuvo en mi memoria.
Eché a correr para avisar a todo el mundo, de que aquel podría haber
sido el que mató a mi marido. Salí como pude, muy
lentamente como si todo me pesara, pasos de gigante, como si se
tratara de una película pasada a cámara lenta , no
podía gritar, nadie me oía........ me desperté
sudorosa, había sido una pesadilla... fue justo entonces
cuando empecé a recordar primero vagamente... después
... me pasaban rápidamente imágenes por la cabeza... mi
hermano.. todo lo que aconteció aquellos días... solo
podía decir ¡Dios mio! ¡Dios mio! ¡Dios
mio!
Esa misma noche ya muy tarde alguien habría la
puerta, siempre estaban abiertas en el pueblo, mi padre allí
estaba otra vez, y esta vez de verdad, se me abalanzó y me
abrazó como si de una niña se tratara, en aquel momento
sentí su sincero cariño, aquel abrazo, me cogió
entre sus manos la cara, miró con ternura a los ojos y los vi
húmedos, pasaron unos instantes, y me preguntó ¿dónde
están mis nietos?... que pregunta tan extraña, sus
nietos... -y siguió diciendo- y los sobrinos de este
hombre.
Están durmiendo -le dije como si lo acabara de
ver hacía unos días y solo lo había visto una vez....
Tu prima
Mari Carmen es la que nos manda las fotos que tu le envías, y
la que nos informa de como te va la vida. Pero deben estar muy
grandes ya, tengo tantas ganas de conocerlos, aunque aún no se les puede decir quien soy. Se fue a las
habitaciones, el sabía donde estaban, de hecho esa casa es la
que yo había nacido, y el había vivido antes que
yo.
Me quedé frente a Miguel, el había cambiado
un poco, no tenía aquel aspecto tan sano, supongo que era por
los efectos del viaje, me dio un fuerte abrazo y me indicó
para ir a la cocina a hablar, tenían poco tiempo, nadie debía
saber que estaban allí.
Llegó mi padre también,
me explicaron todo lo que aconteció esos años, me
repitió lo que hasta ese mismo día había
recordado, el Molino del Espinal lo había cedido a Miguel y
mi, del porque irse a América con tanta urgencia, de porque no
se había comunicado conmigo, del porque mi abuela y mi tía
no me habían explicado nada, quien mató a quien, ...
era el momento de acometer con las decisiones que habían
tardado tanto tiempo en afrontar.
En la cocina justo en una de
las esquinas había una vitrina, que en realidad era una
despensa. Quitó los alimentos, quitó todas las baldas,
al quitar la del medio quedaba un hueco en la pared, un trozo de
madera blanca que se venia con ella, tapaba ese agujero que parecía parte de la
pared.
De allí extrajo muchos documentos, me enseñó
las escritura del Espinal, el mapa y todos sus lindes, aquello tenía
muchísimas hectáreas, porqué valían
tanto...
Mi tío abuelo sacó un mapa viejo y
empezó a explicar:
¿Ves aquí alguna cosa
especial?
-sí, una cruz en rojo -dije yo
-¿Y
a qué te recuerda esto?
- A un tesoro, como en la película
de la Isla del Tesoro -les dije. Me salió una sonrisa picarona
¿todo había sido un cuento? ya dudaba, pero... ¡¿era un cuento?!, ¿mi madre volvía a tener razón?,
todo este tiempo y era cuento, no lo podía creer, yo no era tan mayor, pero los tesoros
enterrados los tenía bastante superados. Les dejé
seguir el relato, sin interrupciones y esta vez relajada, un cuento
de tesoros para casi una adolescente. Mira que ponerle una cruz tan grande en rojo, yo creo que yo sería más disimulada.
Que si los que buscaban el tesoro eran
los malos, que si ellos fueron a buscarlo, que si murieron en un
derrumbamiento los 3 socios de la empresa los que querían
arrebatarles las tierras (los malos), que si confundieron a Antonio con Miguel y
por eso lo mataron aunque él se llevó uno de ellos por
delante, que si Miguel fue en el socorro de le explicó todo moribundo
y fue a buscar ayuda.... en fin que ni como cuento.... había pasado esta edad para mi, unos años atrás puede ... ¿pero
ahora? ... tesoros y catatumbas, menos mal que no habían
puesto lindas princesas que dejaban caer su linda cabellera por los
muros de la torre... eso ya no había quien se lo tragase, le
podían haber cambiado el final por alguno más
increíble, pero usarían argumentos finales comunes en los
cuentos y en las novelas de aventuras, para acabar con el de una vez,
y conmigo también... mataban dos pájaros de un tiro, solo faltaba "el colorin, colorado, este cuento se ha acabao".
Pero no dije nada, les
expliqué que me había encantado todos los relatos y que
menuda vida que habían tenido (tanto esfuerzo que había hecho mi abuela en que lo creyese no la iba a desilusionar ahora) y estaba contenta que todo se había resuelto, como si me hubiera tragado el cuento por completo.
-Fui a mi
madre y le dije: tenías razón mamá, solamente
era un cuento, ha sido magnífico, pero también una lástima por no ser verdad, la verdad que me he decepcionado un poco creía que era algo real.
-Mi madre me dijo:- ¡así es tu abuela!, y por lo que veo su hermanastro le va de perilla, son tal para cual. Ya te lo dije chiquitina!
-Mamá, ¡te he dicho mil veces que no me llames chiquitina!
(...)
Dos meses después volvía
ha haber un Cartel en el Ascensor...
Continuará ...


